Conejo Sombrío

La luz de mi vida se ha apagado, ahora camino en las tinieblas.

Noches orgásmicas de una gripe,
esta vez es una de las mal curadas.
Alergias que incitan a la herejía,
alergias promovedoras de deseos,
deseos carnales mal posicionados
sentimientos de querer:
asesinar,
matar,
destajar,
descuartizar,
a los que sanos de esta noche.
Dime Karma, ¿qué hice yo?
¿Merezco una enfermedad así?
Por el simple hecho de querer matar.
Pero es ella quien me incita aquí.
Si estuviera sano no mataría o sí?
Eyaculaciones nasales continuas
Destrucción, dolor, dolor!
Mueran todos los sanos este día.

CAAFF




Se beatifica la maldad
arden las fuentes prístinas del pecado
emerge la podredumbre
lluvia ácida
fuego
caen en retazos
las alegrías nunca vividas
susurran palabras los muertos del futuro
todo es desesperanza
llueve sobre la vida
el dolor hiriente baja la escalera
una sombra ígnea
todo yace sobre el suelo mojado por la tristeza
mierda
agua
la maldad brilla a lo lejos
todos se alegran
los ojos muertos
sí los ojos muertos del mundo
de este mundo
bañado por los meados benignos
observan la nueva ilusión de la existencia humana
el sueño alcanzado por los asesinos
se alza la mirada
nadie mira a su lado
todo yace en la sordidez
los rostros muertos rondan las moradas
infelices.

AAR

Oscurece.
Noche gélida, donde las sombras yacen agazapadas en el zaguán de la muerte.
Rostros muertos se asoman a través de la ventana inexistente;
en la esquina, la soledad camina con la muerte.
Todos los rayos de la luz lunar se anidan en el cementerio híbrido del pasado.
Las estrellas fugaces caen en retazos sobre la tumba del cielo.
Afuera, escondidos en la malignidad bendita,
los muertos del futuro sonríen con gran alegría.
Muertos ocultos emergen desde el fondo de la vida.

AAR


Se yergue entre las ruinas
sórdidas de la podredumbre
un pútrido hedor,
que se expande con su presencia.
Se fortalecen las sombras
sagradas de la maldad,
a la luz del manto divino de la inexistencia.
Rómpese el espejo críptico del abismo;
el ser se pierde ineluctablemente
en los espacios vacíos de la nada.
Oscurece en el cuarto lúgubre,
donde yacen los restos inexistentes de Dios.
Abro la puerta: la fe es la nueva
asesina de la humanidad.

AAR


Se internó en la noche.
Nunca pudo salir de allí.
Un rumor creció.
Su figura apareció de pronto.
Un viento trajo su maldad.
Todos callaron.
Era el fin de la felicidad.
Horas de dolor, avanzaron inexorablemente.
Sufrimiento.
Miseria.
Angustia.
Dios es el miserable del paraíso.
Se acabó la bondad.
Surgió el odio.
Todo quedó en ruinas.
Féminas mutiladas por el olvido.
Vírgenes cubiertas con besos y billetes.
Aires envueltos en la estupidez divina.
Días negros; noches inciertas.
Dios salió de la nada, para asesinar al mundo.
Volvió la alegría...
Dios es la inexistencia.

AAR

Debido a mi gran ausencia como escritor, aquí les traigo tres relatos en uno, disfrutad.

Mis experiencias son absolutamente reales y fueron llevadas a cabo en una habitación especialmente acondicionada para tal fin, con mujeres de todas clases quienes les interesó el singular desafío que les hacía. A muchas las reuní en gimnasios y dos de ellas son prostitutas que desarrollan la lucha como servicio disciplinario, el que ofrecen mediante avisos en un matutino en esta Capital. Daniela, una joven de 26 años, se entusiasmó cuando le propuse participar porque cuando era más chica luchaba con su hermana. Daniela pesa unos 60 kilos y mide 1,68. No dudo en enfrentarme a pesar de mi experiencia reconocida. Tengo 19 años y mido 1,83 y peso 75 kilos.

Acordamos una greco-romana a tres asaltos.Nos preparamos. Ella quiso usar conchera. Empezamos. La tomé, a la salida del primer encuentro, de la cintura, llevándola sobre mi hombro derecho. Daniela, por detrás de mí, alcanzó mis glúteos y con fuerza los empezó a separar. Los dos caímos pero rápidamente ella se tiró sobre mi espalda practicándome una llave Nelson (toma en la que se rodea al oponente con los brazos y se lo toma de la nuca). Rodé sobre Daniela sin que me soltara, me arrodillé levantándola colgada de mi espalda como una mochila, y la estiré de costado quedando ella boca arriba. Intenté arrojarme sobre su cuerpo, pero me detuvo con sus piernas. Se las separé y acostándome sobre sus pechos sellé el primer encuentro.
Vi que ella estaba caliente por perder y noté que su conchera (la tanga que cubre sólo los genitales y el ano) estaba húmeda, supongo que por los jugos además del sudor. En el comienzo del segundo encuentro pactado se lanzó sobre mí fieramente, colgándose de mi cuello y abrazándome con las piernas. Sabía hacerlo. Caímos ambos, pero ella sobre mí, yo estaba de espaldas, y para marcar su victoria me refregó sus abultadas tetas en la cara. Desde ya, no tengo que decirlo, estaba completamente al palo y esto que me hizo contribuyó a que en ese momento tuviera una abundante eyaculación.
Tomamos un descanso entre el segundo y el tercer asalto y después de algunos minutos continuamos. En el tercer encuentro se definiría la lucha. Habíamos hecho una apuesta antes de empezar: el ganador propondría la posición en que después haríamos el amor. Al comenzar el tercer asalto Daniela se lanzó sobre mí, me tomó de la cintura empujando para tirarme. Yo hundí mi mano derecha entre sus piernas por detrás suyo, sintiendo su vagina y muslos mojados con una mezcla olorosa de sudor y fluidos. ¡Ah, olvidé mencionar lo más importante! En un gesto hermoso, Daniela se había despojado de la conchera antes de comenzar el último asalto. A continuación, la levanté y dejé caer a un costado , pero ella rápidamente me trabó con una Nelson, saltó y me rodeó con las piernas. Yo sentía sus pechos calientes y hasta sus pezones clavándose en mi espalda. Caímos hacia adelante. Daniela intentó voltearme y para eso, con un brazo me rodeó la cintura mientras deslizaba el otro entre mis piernas, quedando mis glúteos y sus lolas fundidos en un abrazo. Se balanceó para atrás y nos volcamos. Esta toma no la benefició porque quedó debajo de mí y con sólo girar me encontraba sobre su pecho, derrotándola, lo que sucedió.
Ambos ardíamos de calentura y mi pene ya estaba listo para la verdadera lucha. Dejé que ella, aunque perdidosa, eligiera la posición: había luchado como una fiera y lo merecía. Me hizo acostar boca arriba, se puso de espaldas a mí y, en cuclillas, llevó mi pene al encuentro de su vagina mientras yo ponía mis manos en aquellos muslos abiertos moviéndola por los glúteos para arriba y para abajo, hasta que ambos llegamos a un clímax estremecedor. Completamente mojados por el sudor nos dimos juntos una ducha. Después, ya relajados, nos acostamos para cambiar ideas sobre el próximo combate.
Ahora les contaré un encuentro con una chica del tipo Brigitte Nielsen. Imaginarán que tipo de lucha tuvimos: la de los vikingos, el vale-todo. Esta hembra se llama Sandra, es de abuelos alemanes y me contó que su abuela, cuando era joven corría desnuda por la nieve para fortalecerse antes de luchar con su marido, con quien ya practicaba el vale-todo. La conocí en un gimnasio, le hablé de mi propuesta y entusiasmada aceptó sin demora, pero me advirtió que no quería tener relaciones sexuales, lo que acepté, naturalmente. Nos pusimos de acuerdo en que lucharíamos cuerpo a cuerpo, vale-todo pero sin pegarnos. Pusimos como límite una hora para combatir.
Dos días después nos encontramos, ella vino con una amiga que quería ver de qué se trataba. Los dos nos trenzamos en bolas sobre el luchadero. Era poderosa y algo especial. Aprovechaba sus grandes gomas, que por su tamaño le colgaban bastante, para darme pechazos.
La amiguita se sentó al costado y no se perdía detalle. Sandra me tiró y calló sobre mí. Yo traté de quitármela de encima poniendo mis manos en sus pechos, empujándola. Logré levantarla y luego puse mis pies sobre su vientre y la tiré. Cayó pesadamente de espaldas (calculo que andaría en los 70 kilos), me arrojé cayendo sobre sus gomas y tomé una en cada mano. Ella profería obscenidades e insultos que aumentaban mi calentura. Con una mano buscó mis testículos, agarrándome desde el tronco. Con eso pudo zafarse, y después se sentó a horcajadas sobre mi vientre. Mientras forcejeábamos se movía y yo veía como revoleaba las tetas que azotaba contra mi cara. Con mis piernas pude tomarla de las axilas y tirarla boca arriba, quedando yo en igual posición, pero encima de ella. Inmovilicé sus brazos.
Fue entonces que Sandra llamó a su amiga, que era una prima suya, más delgada y de buen lomo. Natascha se quitó rápidamente la ropa y vino sobre mí. Era un espectáculo inesperado y magnífico, pero duró poco. La muy sucia se paró delante mío quedando Sandra entre sus piernas, y tomándome de cabeza refregó su vagina contra mi cara. Sandra se ponía mi pene entre las tetas para masturbarse y yo, mientras bombeaba, satisfacía a Natascha con mi lengua. Solté mi leche entre los senos de Sandra y me dejé caer satisfecho. Vi como Natascha desparramaba el semen sobre todas las tetas de la prima y después se dedicaba a juntarlo con la lengua. Natascha estaba de rodillas, inclinada sobre Sandra. Yo metí mi cabeza entre sus muslos para succionarla. Después, rendidos los tres por la faena, descansamos tirados sobre el luchadero. Propuse que ambas combatieran un rato para darme tiempo. Se enfrentaron en una lucha durísima. Fue fantástico verlas. Cuando terminaron tuve una luchita con penetración contra Natascha, mientras Sandra nos chupaba a los dos.
Para la lucha asiática me puse de acuerdo con una físicoculturista amante del box. Su nombre es Isabela, pero le dicen Japonesa, por los ojos rasgados. La Japonesa no es muy tetona, pero sí musculosa y muy poco femenina. Para esta lucha usamos guantes de box porque se permite dar golpes en el cuerpo. Nos preparamos y nos encontramos en el centro del luchadero. Lo primero que hice fue trabarla para empezar a estudiarla, ella quiso zafarse a trompadas, y se las contesté duramente. Como la cosa se ponía fea decidimos quitarnos los guantes y seguir con la greco-romana. Nos revolcamos un rato y cuando la tuve abierta de tijera me metí con todo y le hundí mi pene en la peluda argolla decretando empate y, de paso, desahogando  la calentura de los dos. No duró mucho, pero fue bueno.
Hasta aquí les conté algo sobre esta práctica que cada día tiene más cultores. Si desean comunicarse conmigo para adentrarse a esta práctica, háganlo mediante comentarios en el blog del Conejo Sombrío. Gracias y Saludos.



CAAFF

Un día, revisando el altillo de mi abuela, me encontré una extraña prenda. Era una especie de camisón y con mangas largas que tenía una abertura a la altura de los genitales que se cerraba con botones. Muy intrigada le pregunté a mi abuela de que se trataba. Ella se sonrojó. Me explicó que era su camisón y que no había vuelto a usarlo desde la muerte de su marido.
Me contó que cuando ella era joven, en Italia, de donde procede, era costumbre que las mujeres se pusieran esa clase de camisón durante la noche. Decía que permitía la penetración sin dejar al desnudo parte alguna del cuerpo de la mujer. Se trataba de una antigua práctica católica que permitía que el hombre no sintiera deseo por su esposa nada más que con fines procreativos.
La historia no me convenció demasiado pues la tela del camisón era muy suave, muy llena de pasacintas y sensuales encajes, y al acariciarla parecía una verdadera piel. Además, pensaba que el hecho de ocultar el cuerpo femenino, más que apagar el deseo debió encenderlo. Decidí que esa misma tarde probaría el efetodel camisón con mi novio en su casa, fui al baño y me cambié apareciendo luego con esa prenda de mujer muy romántica.
Mi novio tiene la costumbre de dormir desnudo, como yo, y el juego le resultó divertido. Pero no permaneció insensible. La tela blanca y mórbida en mis caderas acentuaba mi cintura y destacaba magníficamente mis pechos. Inmediatamente vi como su miembro se erguía frente a mi camisón que, según se suponía, debía servir para aplacar deseos sexuales masculinos.

Lo más agradable fue la forma en que sus manos se posaban sobre la tela tan delgada. Era visible que encontraba un gran placer en acariciar mis nalgas y mis caderas a través del género. La mano que se paseaba por mi cuerpo sin tocarme directamente era más excitante que aquella que acariciaba mi cuerpo desnudo.
Parecía irreal, una mano delicada, insinuante.
Luego mi novio procedió igualmente con los labios  y la lengua. Me besó todo el cuerpo. Un calor crecía en mi interior a medida que su lengua se paseaba por la punta de mis senos. Sentía la impresión de ofrecer mi cuerpo bien envuelto  a mi novio como un regalo, y eso era lo que más me excitaba.
Me dio vuelta, dejándome apoyada sobre el vientre. Pasó la mano entre mis muslos, llevándola hacia arriba y abajo de la abertura fatídica.
Me acariciaba Me acariciaba el sexo con tal energía que los botoncitos del camisón me hacían doler. Pero sus caricias resultaban tan agradables que no presté atención. Temblaba como si fuera la primera vez que un hombre me acariciaba esa parte. Parecía que había vuelto virgen. Mi novio estaba profundamente excitado, a tal grado que se preparó para penetrarme analmente por sobre el camisón. Esto resultaba muy frustrante y delicioso. Su sexo corría insinuante entre mis nalgas, sobre la entrada bloqueada del ano. Pero todo llega a su fin, y cuando ya no pudo contenerse más, se decidió a abrir los botoncitos. Pero a pesar de su urgencia se tomó su tiempo y los fue abriendo lentamente uno por uno. Yo estaba acostada sobre la espalda, suspirando. La abertura estaba bien estudiada y podíamos hacer el amor vestidos. Nuestro placer fue tan grande que decidimos repetir la experiencia pero no muy seguido para no romper el encanto.
Un día mi abuela me preguntó por el camisón, ya que desde aquella tarde no había vuelto a verlo. Le conté la verdad, se rió mucho. No lo dijo, pero sé que estaba contenta de que le hubiera encontrado la auténtica utilidad que tenía.


CAAFF

Les escribo para recomendar los placeres del autofellatio. Succionar el propio miembro es algo único, una experiencia sexual deliciosa.
Hay que ser flexible como un junco para poder practicar el autofellatio, pero tampoco se necesita ser un contorsionista con articulaciones de goma. Muchos hombres pueden aprender a succionarse a sí mismos si solamente se toman el tiempo suficiente para entrenar.
Hay que comenzar los experimentos cuando se tiene mucho tiempo libre y privacidad. Un buen trago puede ayudar a relajarse. Hay que desnudarse y acostarse en la cama. Luego se comienza a masturbar. Concentrándose en las diferentes sensaciones que siente al jugar con su miembro.
Mientras se masturba, visualice su miembro entrando y saliendo de su boca húmeda que succiona. Vea los labios acariciando su verga erecta. Piense en la forma en que aparecerá la eyaculación. Imagine la lengua cubriéndolo íntegramente con saliva, llevándolo hasta el fondo de la garganta.
Siéntase cómodo, excitado, caliente. Realice algunos ejercicios de respiración profunda para que pueda relajar completamente los músculos de todo su cuerpo. Haga que su miembro se ponga realmente duro, y se mantenga en su mente la imagen de la verga deslizando por sus labios acariciando su lengua.
Levante las piernas frente a usted. Use una almohada para que la verga quede hacia arriba. Envuelva los brazos alrededor de los tobillos y lentamente vaya acercando la boca y el miembro. Esto es difícil, sólo los hombres, pero los hombres con una flexibilidad promedio pueden lograrlo si se toman el tiempo y la práctica suficiente. Cuando al final tenga éxito, tendrá una experiencia tan emocionante que desafía toda descripción. Yo aprendí esta técnica hace cuatro años y la he gozado todas las semanas desde entonces. El contacto de la boca con el pene crea sensaciones.
Soy capaz de meterme toda la verga en la boca. Disfruto del placer de lamer, succionar, morder, excitar mi miembro hasta un maravilloso orgasmo.
Si lo intenta, seguro que le gustará.

CAAFF

Las ventanas de mi dormitorio dan al pozo de luz del edificio. Cuando me instalé en este edificio no coloqué ni cortinas ni stores, de manera que mis vecinos podían observar sin inconvenientes lo que sucedía en mi habitación. Pero yo recién me di cuenta de eso en circunstancias algo risibles.
Había pasado la noche con un amigo, al que veo de tanto en tanto. Él tenía ganas de hacer el amor y lo conduje a mi dormitorio. Es un muchacho encantador y nunca ha dejado de hacerme gozar con pasión.
Pero esa noche ocurrió algo distinto. Mientras hacíamos el amor, él comenzó a hablar, a mí eso siempre me molesta y me enojé un poco. De pronto miré hacia la ventana y vi el rostro de un hombre que nos miraba desde la ventana de otro departamento separado a escasa distancia del nuestro. Era un hombre de unos cincuenta años, que tenía una nariz muy larga y prominente. Llevaba una polera blanca y, por la posición de su mano, evidentemente se estaba masturbando.
Pensé en decírselo a mi amigo, pero él iría prestamente a bajar la persiana. La situación me pareció bastante divertida y decidí no decir nada. De manera que continúe como si nada hubiera ocurrido. El hombre no saldría decepcionado con nuestro espectáculo. Debo reconocer que estaba muy excitada causa de este sujeto. Mi amigo se dio vuelta para acariciarme el sexo, yo prendí la luz, diciéndole que quería ver, abrí las piernas y las levanté un poco.
Por la posición que ocupaba, mi vecino debió haber tenido un panorama completo. Mi amigo estaba algo asombrado de lo excitada que me hallaba, de manera que me acarició con más entusiasmo, penetrándome con varios dedos. Era la primera vez que tenía un orgasmo con él. ¡Iba a debérselo a mi vecino! La idea del sujeto mirando me enloquecía.
Deseaba que me penetrara en cuatro patas de frente a la ventana, de esa manera podía ver directamente al sujeto. Como adivinando mis deseos, él me hizo tomar esa posición, penetrándome tan profundamente que sentí que su verga se incrustaba en el final de mi vagina. De pronto se me ocurrió que si abría la ventana, el tipo podría oírme gritar y eso resultaría insoportable para él. Levanté una mano, alcancé la traba y la abrí. No pude ver claramente al sujeto, estaba algo escondido y seguía masturbándose. Mientras,el ardor de mi amigo había aumentado y volvía a embestirme con más furia. Mi placer parecía no tener fin. Pero el momento de mayor excitación llegó cuando le pedí que se masturbara delante de mí mientras yo me acariciaba. Tenía las piernas abiertas, de cara a la ventana. El hombre continuaba allí a unos cuantos metros, inmóvil en la oscuridad. Gracias a él tuve un tumultoso orgasmo. Mi amigo me abrazó tiernamente y nos dormimos casi enseguida.
A partir de esa noche hice participar a mi vecino mirón de varias de mis noches de amor. Esto me excita y me ayuda a gozar. Ninguno de mis amantes ha descubierto todavía mi truco.



CAAFF

Me recibí como profesora el año anterior y estoy dictando mis primeras clases en un colegio privado. La jefa del departamento correspondiente a mi materia es una mujer hermosa. Cristina es chata con piernas larguísimas, un par de enormes pechos y un rostro hermoso, esplendido. Los hombres suspiran de deseos por ella, pero Cristina se reserva sólo para las mujeres.
Verla me excitó desde que nos conocimos. Aunque ella sabe que estoy comprometida para casarme, nunca tuvo problemas para hacerme ver sus inclinaciones y sus pretensiones hacia mí cuando estábamos solas. ¡A mí tampoco me faltaron ganas de demostrarle mis técnicas, y no me refiero especialmente a las pedagógicas!
Durante las primeras semanas de clase, Cristina me había anunciado que un día iría a presenciar mi cátedra. Sabía que eso tenía que ocurrir al ser nueva en un colegio bastante exigente con su cuerpo de profesores. Pero aunque me preparé para esa ocasión, no pude evitar aparecer como una tonta. Los chicos se indisciplinaron y ni su presencia pudo calmar los ánimos del revoltijo.
Por la tarde me llamó a su oficina. Tuvimos una reunión para criticar mi clase. Me dijo directamente que tenía que preocuparme por imponer la disciplina. Sabía que eso era cierto, pero realmente no es una cualidad de mi personalidad. Lo admití directamente y Cristina, con una gran sonrisa me respondió:
-De manera que por naturaliza eres sumisa. ¡Qué interesante! Podremos divertirnos mucho juntas.
Las palabras escaparon involuntariamente de mis labios:
-Sí, me gusta. Me gustaría ser sexualmente dominada por vos.
Se dio cuenta de que estaba al tanto de su vida privada y de su costumbre de acostarse con profesoras jóvenes que le gustaban. Después de este diálogo no había mucho más que pudiéramos decirnos, en realidad, había llegado el momento de la acción. Aquel día la acompañé a su casa. Compartía la vivienda con una amiga que, según me dijo, era actriz.
Cuando estuvimos solas en el living, Cristina me abrazó y me acarició por todo el cuerpo con intensidad.
-Deja que te haga el amor. ¡No puedo esperar para mordisquear tu lindo botoncito! Tu futuro marido tendría que estar acá para tomar nota.
¡Era cierto! Mi novio sabía hacer el amor, pero nunca había logrado llevarme al orgasmo con la boca como lo hizo Cristina. Primero lamió mi vagina largo rato, como si fuera un perrito. Después me desvistió y me sobó los senos, estirando los pezones hasta dejarlos duros y rojos. Luego se desnudó ella. Dejó las manos sobre las caderas y se movía hacia mí practicando movimientos de pelvis, haciendo que su pubis quedase cerca del mío; su mirada era autoritaria.
Me arrodillé reverente frente a ella, observando la humedad que aparecía a través de su bikini. Se lo quité y vi sus genitales por primera vez. Los labios rosados parecían perderse en la vasta foresta de vello oscuro. Cuando la toqué, sus jugos se esparcieron en mi mano, los probé. La acerqué a mi rostro, me estiré en el suelo mientras ella cubría mi cuerpo con el suyo.
Cristina avanzó hacia mis piernas separadas y me besó los genitales.
-¡Qué linda sensación!- Exclamé. Ella metió varios dedos en mi orificio.
-Algún día te voy a meter el puño entero- Me dijo -y te gustará.
Con los dedos entrando y saliendo de mi vagina, llevó hacia atrás las caderas hasta que mis labios besaron sus genitales. Le separé los muslos para ver la raja caliente y la dulce miel escurriéndose entre sus muslos. Le lamí los labios y hundí la lengua en la vagina, adorando su olor y su sabor. Ella implantó el ritmo lento pero firme, en que movía sus caderas. La lengua jugaba en mi clítoris y luego penetraba la vagina. Yo me elevaba como si roda la cara pudiese entrar en mi vagina. Mientras sus genitales se acariciaban incesantemente en mi boca. Como por un milagro, ambas llegamos al orgasmo al mismo tiempo, fue el orgasmo más profundo de mi vida. Le rogué queme permitiera el placer de su compañía con mayor asiduidad. Ni mi novio podría separarme ahora de mi nuevo descubrimiento. Y para confirmarle a mi flamante amiga que mi palabra es franca, ¡le concedí el honor de hacerme pis en la boca!

CAAFF

¿Cuál sería la mejor forma de hacer crítica social contra la superficialidad y la frivolidad del mundo capitalista occidental? Pues cogiendo a uno de sus símbolos, uno de sus iconos más conocidos, las Barbie de Mattel, y convirtiéndolas en auténticos monstruos psicópatas. Esto es lo que hace la artista fotográfica de Ontario Mariel Clayton con una colección de las más perturbadoras instantáneas protagonizadas por la muñeca más famosa del planeta y algunos de sus compañeros.



Para Sandra.
Busco la pasión siempre escondida
tras el velo mágico de lo ignoto;
persigo, sin hallar aún la verdad,
el silencio oscuro de tu voz.
Dulces sueños interrumpen mi vigilia,
sólo se dispersa el humo del incienso.
Avanza, entonces, con profuso sigilo,
entre los espacios de la nada,
bajo la calidez de la noche,
la bella presencia de la soledad.
Vuelvo, mirando de soslayo,
a refugiarme en los sueños.
¡Pardiez! -exclamoaturdido
por el silencio.
Nuevamente,
busco la pasión siempre escondida
tras el velo mágico de lo ignoto.

AAR

Para Sandra.
Me interno entre tus lindas piernas
para libar, con desesperación,
el néctar dulce de tu sexo.
¡Ah! -exclamas-,
tus pezones lucen erectos
mientras mis manos acarician tus bellos senos.
Mojo tu vientre con mi saliva,
tus líquidos vaginales escurren
por todo mi rostro.
Penetro mi dedo hasta tu clítoris;
extasiada de placer, muerdes tu labio:
sangre aparece por tu boca.
Nos abrazamos, mi falo luce erecto.
Tu lengua, donde se mezcla la sangre,
la saliva y mi semen, pide un descanso.
Volteo, estás llorando.
Nos miramos fijamente.
El sudor escurre por mi espalda.
Entre el semen, tus líquidos y la noche,
guardamos nuestra pasión
y regresamos a la nada.

AAR

Para Sandra, el verdadero amor.
Escurren pétreas lágrimas
de los patéticos ojos muertos,
que yacen hirientes
en el lecho sagrado del amor.
Cabellos rojizos
también lucen sin vida
sobre las huellas perennes de la soledad.
Sombras errantes se hallan
aisladas del placer y del dolor,
sus almas se internan
en la oscuridad de la noche.
Se yergue la flama
ardiente del deseo,
entre la estancia fría de mi ser.
Tu olor perfuma mi existencia.
Me duermo.
Las lágrimas vertidas
se pierden en mis sueños.

AAR

Para Sandra, Karina y mi sombra.
Hablo con mi sombra.
El amor se complica.
Apareces...
ella está en el teléfono.
Voces confusas,
sentimientos encontrados.
Hablas... lloras... amor.
Ella me besa...
te beso.
Mi sombra se esconde.
¿Cómo...?
¿Sueños de tres?
Te abrazo, la abrazo;
estoy con mi sombra.
Fuego incandescente incendia mi piel.
Lluvia ácida escurre de mis ojos.
Me interno en el sueño.
Avanzas... ella huye.
Mi sombra me asesina.
Nadie llora...
el fin ha llegado.

AAR

Para Karina, con nueva ilusión.
Acaricio, bajo las níveas gotas de la lluvia,
tus bellas y trémulas manos.
Sonríes, me extasías con tus claros y lindos ojos.
Un veneno de amor penetra mis entrañas
mientras beso la luz de tu presencia.
Envuelto en la magia de tus ósculos,
juego con tu sombra
entre los rayos intensos del sol.
Retazos de alegría y de felicidad
inundan nuestras solitarias existencias.
Apareces.
Abrazo tu compañía.
Juntos, el tiempo se pierde entre la nada,
nos ahogamos con el néctar del deseo,
en los instantes en que compartimos la pasión.
El silencio, mientras tanto,
acompaña nuestro encuentro.

AAR

Me hundo en la nada.
Dios se pierde, también, en la nada.
Me arranco los ojos:
me los como.
Miro mis propias entrañas.
La nada me abraza.
Dios observa la existencia de la nada.
Me escapo de ella.
Mis ojos se tiñen de sangre.
El rojo de la luz
se dispersa, también, en la nada.
La nada avanza;
el tiempo acompaña sus pasos.
Despierto.
La nada muere.
Dios también.


AAR

Abres los ojos.
Meados yacen alrededor de tu cuerpo.
Luces sombrías alumbran tu desesperanza.
Se yerguen las miradas frías de los muertos del futuro.
Cierras los ojos.
Un ligero aire esparce un hálito de muerte.
Cae, entre tu mierda y los meados, una lluvia ígnea sobre tu cuerpo yerto.
Te observan, desde la nada, los ojos muertos del mundo.
Abres los ojos.
Emerge un silencio.
Todo se oscurece.
Los ojos muertos se esconden tras los tuyos.


AAR

Para Karina, con amor.
Surges súbitamente,
bajo la estela misteriosa del amor.
Amaneceres solitarios suceden
noche tras noche
en mis largas horas de soledad.
Tu voz despierta el anhelo
ya olvidado de mi tétrica existencia.
Entre las hermosas buganvillas,
en la eterna ciudad de la primavera,
brilla tu presencia, bellísima mujer.
Apareces fresca y radiante,
con la mirada límpida y enamorada.
Vuelves, entre mis sueños febriles,
a susurrar palabras de ilusión;
hoy, gracias al azar,
acaricio tu silueta
en los momentos mágicos de la pasión.
Surges súbitamente,
bajo la estela misteriosa del amor.....


AAR

Quiero contarles algo que me sucedió hace seis meses. Soy estudiante y con otros amigos tenemos costumbre de ir a los boliches a bailar. Frecuentamos esos sitios de pistas atiborradas de chicos y chicas donde la diversión es grande.
Al rato de llegar me presentaron un muchacho que primero me pareció carente de encanto pero a medida que conversábamos mi opinión sobre él cambió notoriamente. Bailábamos bien apretaditos mientras tocaban un tema lento. De pronto sentí el contacto de otra mano que comenzaba a explorar mi cuerpo.
Me considero una chica muy libre pero no tenía deseo de ese contacto e intenté rechazar con prudencia los intentos del desconocido. Pero la mano no quiso comprender mi actitud y en lugar de retirarse se pegó con más fuerza contra mi cuerpo. Quería terminar con eso pero al mismo tiempo no deseaba armar un escándalo.
Aprovechándose de la situación, el desconocido iba avanzando por mi vestido con una lentitud calculada. Me sentía muy turbada. En la pista, eran evidente los intercambios eróticos del público. El desconocido continuaba con su exploración. Sus dedos ya se insinuaban en mi bikini. Sin darme cuenta me había mojado ¿por qué nadie se daba cuenta de lo que me estaba sucediendo? Una de mis amigas estaba a mi lado. Ella me hablaba. Un dedo más curioso que los otros pasó por sobre los labios de la vagina para acentuar la caricia. Temblé. El índice del desconocido comenzó muy internamente a penetrar mi intimidad.
Yo, con vergüenza, me tensé respondiendo a sus avances precisos, sentí de pronto contra mi vientre la caricia de otra mano. Mi vecino de la derecha, una amiga estaba del otro costado. Ese instante, en lugar de drásticamente rechazar a ambos los dejé hacer. Hasta facilité el avance del dedo hacia mi vagina. Me apreté contra la pared alta de una banqueta. Los hombres me tuvieron casi encerrada mientras que mi compañero de baile o era muy estúpido o estaba de acuerdo con los otros dos.
El desconocido metía y sacaba con mucha sapiencia su índice de mi intimidad. El otro, me había levantado ligeramente el vestido con el afán de avanzar hacia mi bikini y sus dedos acariciaban los labios de la vagina.
Era un tipo de perfil recio con arrugas alrededor de los ojos. Se dedicó especialmente al clítoris. Es inútil describir la emoción y la locura sensual que se había apoderado de mí en ese momento. Yo gozaba, incapaz de pensar en algo. Si aún no me hubiera quedado una pizca de pudor les hubiera pedido, les hubiera gritado que me tomasen, que me penetraran. El momento del orgasmo llegó tan rápido. ¡Las circunstancias eran completamente extrañas! Después el dedo que había comenzado el ataque se retiró y se quedó sólo el que me masturbaba que hizo unas veloces incursiones por la vagina. El ritmo de la música había cambiado, las parejas volvían a formarse y ahora bailarían un rock. Los hombres se alejaron.
-¿Qué te pasa? -me preguntó mi compañero de baile-. ¡Tenés cara de cansada!
No supe que responderle, le dije que quería irme partiendo más temprano de lo que era común en mí. Volví al lugar varias veces después de aquella noche, pero entre la concurrencia no pude reconocer a los dos hombres. La velada se transformó en un buen recuerdo.


CAAFF



Conejo Sombrio

Dios ha muerto, los hombres lo han matado



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